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Ser redactor freelance es bastante gratificante en muchos aspectos, pero también requiere de una disciplina personal que muchas personas no tienen. Yo, el primero.

Así que un día me puse a probar todos los métodos de organización más conocidos: sobre todo GTD y Pomodoro… pero no eran para mí.

Sentía que uno es demasiado estricto (aunque tiene sus cosas buenas) y el otro es demasiado rígido en cuanto a los tiempos (aunque logra mantenerte sentado frente a la pantalla) algo que no se lleva bien con trabajos más creativos como la redacción de contenidos.

Entonces, ¿cómo me organizo en mi día a día como redactor freelance?

Pues cogiendo un poco de lo mejor de ambos sistemas y adaptándolos a mi rutina. Todo ello con mi aplicación favorita de gestión de tareas: Trello(Algún día haré un crowdfunding para que le hagamos entre todos/as un monumento a sus desarrolladores).

Así es como yo me organizo:

Organización por tareas y checklist

Para organizarme en todo momento uso el concepto de inbox de GTD. Es decir, cuando tengo una idea para redactar un artículo con gancho o veo una publicación que me parece interesante e inspiradora, rápidamente la añado a mi inbox en Trello. Más adelante, la transformo en un titular atractivo y la agendo dentro de mis tareas.

Para ello, tengo dividido mi tablero en cuatro listas, de lunes a jueves, que son los días que suelo trabajar. Además, tengo un tablero con información importante sobre mis clientes actuales y otra con proyectos personales que quiero llevar a cabo.

La idea es ir asignando tareas en esos días de la semana y checklist para las tareas que requieran de muchas acciones. Simple y organizado. Así me puedo relajar sabiendo que no se me olvida hacer nada y puedo concentrarme en marcar todos los checklist que tengo previstos para cada día.

La vasija del tiempo

Para realizar mis tareas como redactor freelance, cojo un poco de la idea del Pomodoro (20 minutos trabajando y 5 descansando) y lo llevo al siguiente nivel de productividad con la ‘vasija del tiempo’. El concepto es que tengo 4 o 5 horas de jornada de trabajo y 30 minutos de descanso. Ese tiempo de descanso está dentro de mi ‘vasija’ y solo tengo que echar mano de ella cuando siento que necesito un descanso.

Lo interesante de eso es que, si estoy inspirado, no corto mi tarea porque me salte el temporizador pomodoro. En su lugar, sigo surfeando la ola de la creatividad para avanzar lo máximo posible. Después, cojo el tiempo que necesito para hacer una pausa y estirar las piernas o ir a la cocina a por una fruta.

Cada vez que cojo tiempo de mi ‘vasija’, esta se va vaciando. Para ello, pongo el cronómetro en marcha y descuento el tiempo de descanso del total. Así, puedo descansar 5 o 10 minutos si lo necesito o incluso más, pero siempre respetando mi límite de 30 minutos.

En resumen, he adaptado los métodos de productividad que más me interesan a mi modo de trabajar, logrando que pueda hacer muchas más tareas en mi jornada de trabajo.

Hasta aquí el artículo de hoy. Si te gusta lo que lees, ya sabes que puedes suscribirte para recibir notificaciones cada vez que publico un post.

Gracias por leer y hasta la semana que viene.

Juan Antonio Marín

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